domingo, 2 de abril de 2017



Cuando  Disfruto Un Concierto En Cantaura
Texto y Fotos: Ramón Sotillo
Cantaura, o Chamariapa, como usted quiera llamarle, es, en realidad, una ciudad pequeña del centro del estado Anzoátegui. Decimos pequeña por la población, pero inmensa en su proyección hacia el futuro y la variada gama de posibilidades de buena utilización del tiempo libre: mucha actividad deportiva, variada y muy calificada vida cultural, gastronomía típica e internacional entre otras ofertas. Podemos afirmar con absoluta propiedad, que los que tenemos la suerte de vivir en esta ciudad, así como los que nos visitan, bien en giras de turismo interno, visitas a amigos y familiares  o por razones de trabajo, se llevan una muy grata impresión y, por lo general, muy pronto regresan con más entusiasmo que la vez anterior.
Cantaura, por decirlo de alguna manera, es una ciudad que transmite cariño, calor humano, atracción por sus características urbanas y, sobre todo, grata sensación de sentirnos en una región tranquila y serena.
Pero entre todas esas dulzuras que nos depara Cantaura, hay una verdaderamente especial y es disfrutar un concierto de cualquiera de las agrupaciones del Sistema Orquestal Freites, bien sea en el espectacular teatro Alfredo Sadel, bautizado por músicos y cantantes que han venido a  deleitarnos con sus cualidades artísticas, como el Teresa Carreño del oriente del país; o también puede ser disfrutarlo en la Plaza Bolívar, en el Santuario Virgen de la Candelaria, en un liceo,  una escuela  o en el Paseo de la Virgen. Muchas personas creen, de manera muy equivocada, que como hago fotografías mientras se realizan los conciertos, no  disfruto de los mismos. Que equivocados están.
Hay momentos, muy pocos por cierto,  en los cuales ocupo una butaca y me dedico a afinar mis duros oídos y a disfrutar totalmente del concierto. En algunas oportunidades, sin quererlo, se me viene a la mente momentos bellos que viví con la música sinfónica, especialmente en Caracas y en Valencia. Un niño campesino como yo, nacido en un espacio  pequeño entre Pariaguán y San Diego de Cabrutica, tuvo la ocasión de disfrutar de variados espectáculos sinfónicos, operas, zarzuelas, ballet en los teatros Municipal y Nacional de Caracas, así como en la incomparable  Aula Magna de la Universidad Central.
Increíbles experiencias de ese mismo orden viví en el Teatro Municipal de Valencia.  Pero en Cantaura se rompió la horma. Vi nacer y crecer a la Orquesta Sinfónica de Cantaura. Recuerdo el concierto motivacional que nos brindó el núcleo El Tigre en el Centro de Convenciones. Quienes estuvimos ahí, o por lo menos algunos de ellos, considerábamos algo muy lejano que pudiéramos tener algún día, una agrupación  sinfónica como la que oíamos en ese momento.
Los días fueron pasando y de la noche a la mañana, casi como de sorpresa, se levantó ante nosotros un gigante de ladrillos y  concreto que abrió sus puertas nada más y nada menos que con la Orquesta Sinfónica Venezuela. Durante dos presentaciones  pudimos disfrutar la música que nos presentaron los mejores músicos sinfónicos del país. En ese momento me di cuenta que era más difícil aún tener una orquesta nuestra, con nuestros muchachos y muchachas, con caras que viéramos todos los días en nuestras calles, en nuestras escuelas y liceos. Pero, sin que muchos lo supieran,  varias decenas de niños y niñas ya acariciaban sus instrumentos y soñaban con ser grandes músicos.
Pasaron los días, los meses y los años y hoy exhibimos, porque de verdad lo hacemos y con mucho orgullo, al sistema orquestal más amplio y más completo de todo el oriente y sur del país y, cuidado si entre los tres o cuatro primeros de toda Venezuela.
No solamente empezó a dar frutos la semilla sembrada en Cantaura, sino que, claro que en menor cantidad de participantes,  también empezaron a sonar las flautas y las voces de los niños indígenas Kariña de Kashaama, Bajo Hondo, Tascabaña,  Mare Mare, Barbonero, Las Potocas, Santa Rosa de las Magnolias y La Florida, concentrados en las instalaciones de la Escuela Bolivariana de la comunidad indígena madre de la Mesa de Guanipa.
Pero el entusiasmo y el compromiso llegaron también a Santa Rosa de Ocopi en donde hoy tenemos un núcleo con mucho futuro. En Cantaura la sinfónica juvenil empezó a dar conciertos muy prometedores. Nacieron los coros juvenil e infantil, la Orquesta Típica Alma Llanera, que hoy lleva el nombre de Martha Gimón, una de sus fundadoras, quien muy temprano dio inicio a su viaje a la eternidad.
El crecimiento no se detiene y los conciertos menos. Surge la Orquesta Sinfónica Infantil, la Afrovenezolana Juvenil y después la Infantil;  el Ensamble de Percusión también empezó a sonar. Todos con mucha calidad musical. Los deseos  de padres y madres hicieron nacer el Kinder Musical. Pero Cantaura y Freites quieren más. El Proyecto Simón Bolívar  hace nacer coros en escuelas y liceos. Todo esto nos hace asombrarnos ante la increíble realidad de un  Sistema Orquestal Freites  que sobre pasa los 4.200 integrantes activos, todo ello en una ciudad pequeña pero con un corazón musical que no se encuentra en ningún otro lugar en el país.
espectáculos como el cascanueces, que está reservado para las grandes ciudades del mundo, y que añoran muchas capitales de estado en nuestro país, ya es una tradición en cantaura, con la excelente participación de las bailarinas y bailarines de la academia sol de lechería, con la dirección de la prof. MARISELA RIERA  y el acompañamiento musical de la orquesta sinfónica juvenil de cantaura, dirigida por el maestro javier abi harb.
por eso cantaura  es un modelo  para todo el país, en materia del programa que desarrolla el sistema nacional de orquestas y coros de fundamusical simÒn bolívar, por su solidez organizativa y la calidad de las agrupaciones musicales con que cuenta el sistema local.
puedo decir que con mucho agrado disfruto del teatro, de las danzas, del mare mare, de las actividades deportivas, de los desfiles de escuelas, liceos y de los institutos de educación inicial, los cuales son muy frecuentes en nuestra ciudad, pero debo confesar que nada como un concierto en el Alfredo sadel. y es que en esa instalación se respira, cuando se presentan las agrupaciones del núcleo cantaura, un ambiente absolutamente distinto al resto de la ciudad.  por eso digo que nada como un concierto de la orquesta sinfónica de cantaura, en cantaura.
(Publicado en el semanario Cantaura Hoy – 2.015)